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Sección del estudiante > Grandes Juristas de la Historia Universal |
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Cursó estudios en el Master’s Tutorial High School de Bombay y en el St. Xavier’s College, donde descubrió su pasión por la oratoria y la literatura inglesa. Su padre le trató de inculcar que había nacido para el Derecho, aunque realmente él tenía otras inquietudes. Se matriculó en el Government Law College y, años más tarde, señales del destino, una mujer parsi obtuvo una plaza de profesor vacante en la Universidad de Bombay, a la que él había postulado con gran entusiasmo. De haberse iniciado tempranamente en la docencia, seguramente el mundo del Derecho y la vida pública en general habrían sufrido una pérdida de incalculable valor. Nani, como le llamaban sus allegados, estuvo siempre agradecido a aquella joven mujer que le “pisó” su plaza universitaria. Llegó a los Chambers del legendario Sir Jamsedji Kanga en 1944 para trabajar como barrister. A pesar de no tener padrinos, su ascenso fue meteórico y, tras dos escasos años en el Bar, los jóvenes abogados ya abarrotaban los juzgados cada vez que Nani exponía sus argumentos con su cautivadora oratoria. Libertades constitucionales y fiscalidad. Desde los albores de su carrera, Palkhivala fue consciente de la importancia de preservar los valores supremos de la Constitución, a la que siempre profesó un profundo respeto, incluso reverencia. Las manifestaciones de esta admiración por el orden constitucional salpican su dilatada carrera. Defendió por ejemplo el derecho de los colegios anglo-indios a decidir libremente el sistema de admisión de sus alumnos frente a una normativa estatal que pretendía asumir esa competencia. Desarrolló doctrinalmente las libertades de expresión y prensa, piedras angulares de la democracia. Como consecuencia de uno de sus brillantes informes orales, Nani obtuvo un pronunciamiento favorable para evitar que se coartara la libertad de prensa a través de unas normas de control para las importaciones de papel de periódico. La labor de Nani no se limitó a la lucha por salvaguardar los derechos fundamentales y por adaptar la Constitución a la rápida evolución de la sociedad india. Antes de comenzar esta decidida apuesta contra los abusos de poder, Palkhivala era ya un conocido abogado fiscalista. Trabajó durante más de veinte años para el grupo “Tata”, un holding establecido en Mumbai, su ciudad natal. De su experiencia profesional surgiría su obra más reconocida: “The Law and Practice on Income Tax”, un manual cuya repercusión ha sobrepasado las fronteras de la India a pesar de que lo escribió escasamente cuatro años después de graduarse. La seducción de su oratoria. A su talento a la hora de desarrollar los conceptos más complejos con suma claridad, Palkhivala añadió unas dotes que algunos han calificado de genio cuando comentaba cada año el Presupuesto, un discurso dirigido a la nación en el que analizaba cuestiones presupuestarias y económicas. La historia de estos discursos arranca en 1958 en el salón de un hotel de Bombay. Hablaba sin apuntes, ofreciendo cifras y datos de memoria, durante más de una hora sin que su audiencia dejara de mirar y escuchar atónita. Sus oyentes incluían empresarios, abogados y jueces, pero la gran mayoría eran ciudadanos de a pie. Cuando el salón del hotel se quedó pequeño, tras varios traslados a sedes más amplias, el estadio de cricket Brabourne de Bombay fue también abarrotado por más de 20.000 personas. Los discursos impartidos por Nani se convirtieron en un fenómeno de masas con un magnetismo y una lucidez nunca antes vistos. Uno se pregunta cómo se las ingeniaría para mantener en vilo a tantas personas, expertas y legas, hablando de algo tan árido como la economía. Se llegó a decir de él que fue el mejor ministro de economía que la India nunca tuvo. Los ecos de las ponencias de Palkhivala no se limitaron al territorio indio. Su talento era tal que -sorprendentemente para algunos- a pesar de enfrentarse al gobierno indio siempre que consideraba que los derechos de los ciudadanos estaban siendo vulnerados, la propia Administración Central contrató sus servicios en tres ocasiones para representarle en foros internacionales. Para los que no pudimos asistir a esas tardes en el Brabourne de Bombay o no tuvimos ocasión de escuchar de primera mano sus informes forenses, nos queda el consuelo de intuir su retórica a través de sus variadas publicaciones. Al margen de la monumental obra “The Law and Practice on Income Tax”, otras obras como “The Highest Taxed Nation” o “Our Constitution Defaced and Defiled” alcanzaron gran trascendencia por sus críticas hacia el Ejecutivo. En “We, the People” y “We, the Nation” Palkhivala trata varios temas de índole público y de cómo la interacción entre los ciudadanos y las autoridades favorece el desarrollo de un país con grandes contrastes de riqueza y educación. “India’s Priceless Heritage” y “Essential Unity of all Religions” muestran el lado más espiritual de un hombre del mundo del derecho y la empresa. Su última obra “Nani Palkhivala - Selected Writings” (1999) reúne toda la erudición y sentido del humor de los que hizo gala tanto en sus discursos como en sus obras escritas. Mucho que hacer todavía. Al final de su carrera Palkhivala se mostraba cada vez más apesadumbrado -incluso deprimido- por el a su juicio catastrófico declive de los valores de la vida pública. El efecto del materialismo en la juventud le angustiaba. Veía como la corrupción del poder judicial, cuya independencia había defendido firmemente años atrás, se convertía en un ejemplo más del deterioro de los valores y principios. La formación de los jóvenes abogados le preocupaba, pues creía importante educarles mejor y no fomentar letrados poco éticos sin un concepto claro de lo que es el bien público. No le gustaba la forma en la que la India era gobernada: falta de proyectos sociales, escasa privatización de empresas estatales e imposibilidad de controlar el crecimiento de la población. En 1990 resumía la situación de su país con estas palabras: “la tendencia en la India es a tener demasiado poder y muy poca administración, demasiadas leyes y muy poca justicia, demasiados funcionarios y muy poco servicio público, demasiado control y muy poco bienestar social”. Fue un ejemplo de vida sencilla e ideas elocuentes. Nani falleció el 11 de diciembre de 2002. Sus restos reposan en las “Torres del Silencio” -recintos circulares donde los zoroastras entierran a sus familiares fallecidos- en la ciudad que le vio nacer, Mumbai.
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