Una gran historia

En 1946, Rodrigo Uría González, catedrático de Derecho Mercantil, inició su actividad profesional, más allá de la universidad, abriendo un modesto despacho que elaboraba dictámenes sobre cuestiones jurídicas complejas. Ese mismo año, junto a su amigo Joaquín Garrigues, fundó la Revista de Derecho Mercantil, de la que él sería el director y Joaquín Garrigues, el presidente.

En 1950, Rodrigo Uría González conoció en Madrid a un joven licenciado con vocación académica que acudió a él para preparar su oposición a catedrático: Aurelio Menéndez, que terminará siendo no solo su discípulo, sino también su socio y amigo. A su lado, Aurelio descubrió la realidad profesional de un despacho, al tiempo que colaboraba en la Revista de Derecho Mercantil y preparaba su oposición. Sin embargo, los caminos de ambos se separaron cuando Aurelio obtuvo en 1954 la cátedra en la Escuela de Altos Estudios de Bilbao, a pesar de lo cual sus lazos personales, académicos y profesionales se mantuvieron sólidos con el paso del tiempo.

El profesor Rodrigo Uría González, que en 1953 había obtenido la cátedra de Derecho Mercantil de la que más tarde sería la Universidad Complutense de Madrid, publicó en 1958 la primera edición de su famoso Manual de derecho mercantil, obra de referencia para estudiantes universitarios en España y en Latinoamérica.

Aurelio Menéndez regresó a Madrid en 1960, ya como catedrático de Derecho Mercantil, al tiempo que el despacho de Rodrigo Uría González se consolidaba gracias a su participación en asuntos cada vez más relevantes. Uno de ellos —el asunto “Barcelona Traction”, un caso de gran complejidad que duró varios años y que terminó en el Tribunal Internacional de La Haya— impulsó definitivamente el prestigio profesional de los profesores Rodrigo Uría y Aurelio Menéndez, que participaron en el equipo de abogados que defendió con gran éxito los intereses españoles.

Los meses de trabajo codo con codo entre Rodrigo y Aurelio en La Haya sirvieron para que estrechasen su amistad y empezasen a contemplar la posibilidad de trabajar juntos en un despacho, un planteamiento que cristalizó a principios de la década siguiente.

En 1973, Rodrigo Uría González, Aurelio Menéndez y Rodrigo Uría Meruéndano, hijo del primero, se asociaron para convertir el pequeño bufete mercantilista de Madrid en un despacho colectivo de abogados, bautizado entonces con el nombre de Uría & Menéndez.

Tras una estancia fructífera en el despacho Curtis Mallet Prevost de Nueva York, Rodrigo Uría Meruéndano se incorporó al despacho de su padre con el objetivo de fusionar la calidad “artesanal” del  despacho paterno con la eficiencia, la tecnología y el know-how americanos. 

En 1978, en una España en plena ebullición que abrazaba la democracia, Rodrigo hijo fue nombrado director del despacho y comenzó a poner en marcha su ambicioso proyecto.

El pequeño despacho madrileño se empezó a expandir y estableció su primera oficina exterior en Barcelona de la mano de Charles Coward, socio americano que Rodrigo Uría Meruéndano había “fichado” durante su experiencia neoyorkina.

Al mismo tiempo que Uría Menéndez iniciaba su expansión física, se consolidaba en la firma la pasión que ambos Rodrigos cultivaban desde siempre por el arte.

En 1985, Uría Menéndez asesoró al Gobierno español en la recuperación del cuadro de Goya La marquesa de Santa Cruz, que había sido exportado ilegalmente. La intervención de Rodrigo Uría Meruéndano y de un nutrido equipo de abogados de la firma impidió que la obra fuera subastada por Christie’s y logró su recuperación en favor del Estado español. La firma decidió entonces no cobrar honorarios al Estado por ese asunto, ya que consideró su trabajo como una aportación al acervo artístico y cultural del país.

En 1987, Uría Menéndez negoció en representación del Estado español el asentamiento de la colección Thyssen-Bornemisza en España, proceso que concluyó en 1993 con la adquisición de dicha colección por el Estado para su permanencia en España. El trabajo desplegado durante más de cinco años se realizó también en esta ocasión de forma íntegramente gratuita, como contribución al engrandecimiento del patrimonio cultural nacional.

Los noventa fueron años de intensa actividad económica en España, unos años en los que Uría Menéndez consolidó su expansión nacional e internacional al son de las grandes empresas nacionales que buscaban nuevos horizontes más allá de nuestras fronteras. Se abrieron las oficinas de Bruselas, Nueva York, Londres y Valencia. En 1997 Uría Menéndez era el primer despacho español en tener presencia en Portugal (Lisboa). Al año siguiente, con el fin de acompañar a las empresas españolas en su expansión internacional, el despacho abrió su primera oficina en Latinoamérica (São Paulo) y alcanzó acuerdos de asociación con las más prestigiosas firmas locales de Argentina, Chile y Perú.

Fue también en este periodo cuando el despacho impulsó una red de best friends europeos conformada por firmas líderes de Reino Unido, Francia, Alemania, Países Bajos e Italia.

Rodrigo Uría González y Aurelio Menéndez recibieron en 1990 y 1994, respectivamente, el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales por su valiosa contribución al desarrollo del derecho en nuestro sistema democrático.

El siglo XXI llegó con la triste noticia del fallecimiento de Rodrigo Uría González en septiembre de 2001 a los 95 años de edad.

El año 2005 se configuró como un año de especial relevancia en la historia de la firma. Tras cerca de tres décadas al frente del despacho, Rodrigo Uría Meruéndano decidió dejar paso a las nuevas generaciones y cedió el testigo de la dirección a José María Segovia y Luis de Carlos, que codirigirán la firma en los años siguientes.

Además, ese año Rodrigo Uría Meruéndano impulsó la creación de la Fundación Profesor Uría, que —en homenaje a su padre, Rodrigo Uría González— nació con la vocación de promover el voluntariado social dentro de Uría Menéndez y de llevar a cabo labores solidarias en beneficio de los colectivos sociales más vulnerables.

En el año 2005 nació también la colección de arte Uría Menéndez en señal de apoyo a artistas españoles, portugueses y latinoamericanos. Actualmente, la colección se encuentra expuesta en las distintas sedes de la firma y está compuesta por más de doscientas obras.

La expansión del despacho continuó con la apertura de oficinas en Bilbao y Ciudad de México. En unos años de gran crecimiento y expansión —anteriores a la gran crisis de 2008—, un acontecimiento sacudió duramente a la firma: en julio de 2007 falleció de forma repentina a los 66 años Rodrigo Uría Meruéndano, presidente y alma máter del despacho, y en ese momento también presidente del Real Patronato del Museo del Prado.

La muerte de Rodrigo Uría Meruéndano consolidó la institucionalización de la firma. “De un liderazgo carismático a un liderazgo de consensos”, definiría más tarde esa etapa José María Segovia. En 2011, Luis de Carlos permaneció como socio director y José María Segovia pasó a ser socio presidente: un tándem histórico.

En el año 2010 Uría Menéndez se fusionó en Lisboa con el despacho del prestigioso abogado Daniel Proença de Carvalho, lo que dio lugar en Portugal a la firma Uría Menéndez-Proença de Carvalho

La experiencia acumulada en América Latina durante cerca de dieciocho años dio como resultado, en 2015, el nacimiento de PPU (Philippi, Prietocarrizosa, Ferrero DU & Uría), la primera gran firma iberoamericana, con casi cuatrocientos abogados y más de cincuenta socios, y una presencia destacada en Chile, Colombia y Perú.

El 3 de enero de 2018 falleció en Madrid, a los 90 años de edad, Aurelio Menéndez, último fundador de Uría Menéndez. Ese mismo año el despacho inauguró en Madrid el nuevo edificio de la calle Suero de Quiñones, que —en señal de homenaje— se bautizó como “Edificio Aurelio Menéndez”.

En enero de 2019, tras la jubilación de José María Segovia después de trece años como líder de la firma, Luis de Carlos toma su testigo como socio presidente y Salvador Sánchez-Terán asume las funciones de socio director. La institucionalización de la firma, que comenzó en 2005 cuando Rodrigo Uría dio un paso al lado, se ha consolidado.

Arrancamos la nueva década en un entorno vulnerable y volátil, en el que la crisis sanitaria mundial nos ha obligado a todos —ciudadanos y empresas— a poner el foco en lo más importante: las personas, lo humano. Frente a las incertidumbres que se presentan ante nosotros, en Uría Menéndez tenemos la certeza de que el futuro, venga como venga, será siempre mejor si nos aferramos a los valores que desde nuestros inicios han guiado nuestra práctica. Juntos, contigo, seremos más fuertes. Juntos, contigo, seremos más Uría y mejor Uría.