Leon Petrazycki

LEON PETRAZYCKI
LEON PETRAZYCKI
(1867-1931)

Todo el mundo tiene puestos sus ojos hoy en Polonia. Desde que el 1 de mayo de 2004 se incorporó a la Unión Europea, la comunidad internacional vuelve su mirada con optimismo y expectación hacia esa gran nación que está llamada a desempeñar un papel clave en la moderna configuración del Viejo Continente. Atrás quedan siglos de supervivencia y holocausto, de tolerancia y de guerra. Su ubicación entre colosos, encrucijada de las grandes rutas del norte, oprimió los designios del entonces mayor país de Europa, víctima de las pugnas de las potencias circundantes por repartirse su estratégico territorio. Un pueblo tenaz y valiente, sin embargo, se presenta ante las nuevas generaciones con la pujanza de su restablecida vida comercial y su envidiable patrimonio cultural.

Las semblanzas de insignes polacos como Nicolás Copérnico, Frédéric Chopin o Karol Wojtyla son reconocidas universalmente en cualquier foro. Algunos habrán leído también a Czeslaw Milosz, otros habrán seguido las hazañas de Marek Kaminski y casi todos disfrutado con los trabajos de Roman Polanski. El localismo de la ciencia del Derecho, sin embargo, seguramente haya privado a muchos de acercarse al pensamiento de un polaco que, a caballo entre el convulso final del siglo XIX y el doloroso principio del xx, se erigió en una de las grande mentes de la Sociología del Derecho. A pesar de que la Primera Guerra Mundial y la Revolución Bolchevique obstaculizaron la difusión de los trabajos de Petrazycki, la globalización jurídica no debe permitir que caiga en el olvido la vida y obra de este insigne psicólogo, filósofo, sociólogo, pedagogo y jurista.

La rebeldía frente a la rusificación. Descendiente de una familia de la aristocracia católica polaca, Leon Petrazycki nació el 29 de abril de 1867 en Witebsk, un territorio históricamente polaco que Prusia y Austria habían entregado a Rusia con motivo del Tratado de San Petersburgo (1772) y que se encuadra en la actualidad dentro de las fronteras de Bielorrusia.

No eran tiempos fáciles. Los movimientos independentistas que se levantaron tras el Congreso de Viena contra la Rusia de Alejandro I fueron sofocados con dureza por el régimen zarista. Se suprimieron las libertades constituciones, se disolvió la cámara legislativa, se eliminó el ejército polaco y se produjo un lamentable expolio cultural. Sin embargo, el pueblo polaco no renunciaba a sus aspiraciones nacionalistas. Cuando nació Leon el alma polaca todavía se resentía de la tragedia en la que había culminado la última insurrección (1863). El padre de Petrazycki participó en esa revuelta y, aunque salvó la vida, sufrió una de las medidas represoras adoptadas por Rusia: la confiscación de todos sus bienes. El pensamiento de Petrazycki siempre reflejaría las amargas circunstancias que vivió su pueblo y que, indudablemente, dejaron en él una huella imborrable desde su infancia.

El genio ruso. No suele ser infrecuente que incluso los grandes del Derecho se reconozcan vacilantes antes de descubrir su verdadera vocación. Tras cursar el bachillerato en Witebsk, Petrazycki inició los estudios universitarios de Medicina. Aunque seguro que la ciencia médica habría saludado con agrado la espontánea atracción de Petrazycki, por fortuna esa inclinación no fue duradera y cedió ante su incipiente gusto por el Derecho. Los muros de la Universidad de Kiev fueron testigos de la brillante formación que adquirió el joven estudiante entre 1885 y 1889.

Finalizada la Licenciatura, una beca del Ministerio ruso de Educación le permitió trasladarse a Berlín para iniciar sus estudios de doctorado. Su estancia en Alemania (1891-1894) le puso en contacto con la flor y nata de la doctrina germana. Coincidieron además esos años con los trabajos preparatorios del Código Civil alemán (BGB). Ese privilegiado ambiente estimuló la formación de Petrazycki y, en pocos meses, Leon comenzó a participar en los debates de la comisión codificadora. Sus observaciones críticas no tardaron en ganarse el reconocimiento de los académicos alemanes. Se mostraba preocupado Petrazycki, fundamentalmente, por las disfunciones que podría ocasionar la transposición de las instituciones romanas a la sociedad de esa época.

Concluido su periplo alemán, Petrazycki completó sus estudios en París y Londres. Por aquel entonces, la comunidad jurídica germánica ya le había bautizado como “der geniale Russe” (el genio ruso).

El padre de la Sociología del Derecho. En 1896, tras su paso por las principales capitales europeas, Petrazycki regresó a Rusia, coincidiendo prácticamente con la ascensión al poder de Nicolás II. Incorporado a la Universidad de San Petersburgo, ese mismo año leyó su tesis doctoral, que amalgamó las apreciadas enseñanzas que recibió en Berlín con las reflexiones filosóficas que fue desarrollando como teórico del Derecho. Tras un año de actividad docente, con apenas treinta años, Petrazycki ganó la cátedra de Enciclopedia e Historia de la Filosofía Jurídica. Su magisterio se enriqueció mediante la publicación de una fértil obra científica de unos cuantos miles de páginas. No obstante, la reputación del joven catedrático se fraguó especialmente en la aulas. Su oratoria, en ocasiones compleja y rebuscada, no fue en modo alguno óbice para que sus clases maestras cotizasen al alza entre los estudiantes de la antigua Petrogrado. El claustro de profesores tampoco tardó en reconocer unánimemente la auctoritas de Petrazycki. Ese consenso sobre su sobresaliente figura enseguida se manifestó en su nombramiento como Decano de la Facultad de Derecho.

Desde su atalaya de la Venecia del Norte y apoyado en los magníficos recursos que ponía a su disposición el Imperio Ruso, Petrazycki desarrolló su principal labor creadora antes de que se precipitaran los acontecimientos históricos. “Introducción a la ciencia del Derecho y la Moral” y “Teoría del Derecho y el Estado en conexión con la teoría moral” seguramente sean las obras que aúnen los presupuestos psicológicos y los principios metodológicos de Petrazycki de un modo más poderoso. Décadas antes de que la sociología alcanzara su autonomía como una ciencia social independiente y de su aplicación a las disciplinas jurídicas, Petrazycki avanzó una visión del Derecho basada en una investigación innovadora de la experiencia psicológica del ser humano. Petrazycki concebía el Derecho como un fenómeno psicológico, empírico, que debe ser analizado introspectivamente. Según sus razonamientos, las personas están impulsadas a la acción a través de emociones e impulsos. La Teoría del Derecho debía apoyarse pues en el conocimiento de esas “emociones jurídicas”. Esos postulados, según los que cada ciudadano individualmente considerado era un productor de emociones jurídicas, resultaban antiestatales y críticos con el positivismo jurídico de su tiempo, que no se asentaba en premisas verdaderamente científicas a juicio de Petrazycki. El padre de la sociología del Derecho tuvo que hacer frente, por ello, a las duras críticas con las que la comunidad jurídica recibió sus obras más doctrinales.

Breve incursión política. Tras el enfrentamiento y la derrota con Japón a causa de Port Arthur (1904-1905), la primera oleada de la revolución rusa puso de manifiesto la incompatibilidad del Estado zarista con las exigencias de la civilización moderna. Las manifestaciones ante el Palacio de Invierno de San Petersburgo, la sublevación del acorazado Potemkin y la huelga general convocada por los bolcheviques en Moscú obligaron a Nicolás II a prometer libertades civiles y a convocar elecciones democráticas. Aunque apenas cultivó ninguna inclinación política, la obligación moral de participar en el proceso de transformación social movió a Petrazycki a aceptar la invitación de formar parte del partido de los Demócratas Constitucionales en las elecciones generales a la Duma. Desde su escaño en la oposición, Petrazycki propuso medidas para mejorar las condiciones de vida de la población campesina, luchó por el reconocimiento de la igualdad de derechos del colectivo judío y defendió el derecho a la autodeterminación de Polonia. Desde su cargo político, no obstante, poco pudo hacer Petrazycki, como temía desde su aceptación del cargo. La disolución de la cámara llegó unos meses después de su constitución. Las protestas de su partido ante la abolición de las libertades democráticas, expresadas en el Manifiesto de Vyborg, granjearon a Petrazycki una condena a tres meses de cárcel y la desposesión de su cargo como Decano de la Facultad.

Consumado el paréntesis político, Petrazycki continuó con su actividad universitaria e investigadora en la Universidad de San Petersburgo. Esa labor la simultaneó con los trabajos de la activa Sociedad de Juristas y Economistas Polacos y, desde 1912, con su dinamismo en la Academia de las Ciencias de Cracovia.

El regreso a Varsovia. La revolución burguesa de febrero de 1917 fue abrazada por Petrazycki, pero su confianza en que los esfuerzos de Kerenski fructificasen era exigua. De hecho, Petrazycki no aceptó el nombramiento como Magistrado del Tribunal Supremo con el que le distinguió el gobierno provisional. El tiempo no tardó en dar la razón a los presagios políticos de Petrazycki cuando pocos meses después, se instauró la Dictadura del Proletariado.

El nuevo orden de la Rusia bolchevique poco tenía que ver con la filosofía sociológica que Petrazycki se había esforzado por desarrollar jurídicamente. Se trataba de principios antagónicamente enfrentados y nada podía hacer Petrazycki frente a la poderosa maquinaria administrativa soviética. Parecía que, con cincuenta y cuatro años, se cerraban las puertas rusas para Petrazycki.

La recuperación de la soberanía de Polonia tras el Tratado de Versalles y los propósitos de resurgimiento económico del país animaron a Petrazycki a recuperar sus orígenes. En 1921 se trasladó a Varsovia y asumió la Cátedra de Sociología, creada expresamente para él en la Facultad de Derecho. Su relevancia profesional le condujo a la Comisión de Codificación del Derecho polaco e, internacionalmente, al Instituto Internacional de Sociología en París y la Academia Internacional de Derecho Comparado en La Haya.

A pesar del retorno a su patria y sus éxitos académicos, el desencanto vital que siempre acompañó a Petrazycki comenzó a apoderarse de él. Sus desencuentros con las Escuelas analíticas y normativas con las que se encontró en Varsovia, los deficientes medios a los que tenía acceso en su nueva cátedra y, especialmente, la vuelta a la dictadura impuesta por el Mariscal Pilsudski llenaron de amargura y angustia su existencia. Las circunstancias personales, familiares, sociales y políticas que le habían acompañado durante su peregrinar por diferentes países estaban a punto de ensombrecer el optimismo con el que él siempre había contemplado el progreso social de la humanidad. Preso de una ensordecedora frustración, Petrazycki se quitó la vida el 15 de mayo de 1931. Ese mismo año, Rusia, que tanto había admirado a su genio, rechazaba públicamente la herencia jurídica legada por Petrazycki.